¿Nunca han deseado volver a escucharla, o quizá, escucharla por primera vez?
Gracias a la colaboración del señor Herranz, podemos ahora todos leer cuantas veces queramos estos interesantes comentarios. Ahora les vamos a reproducir las de las 3 primeras, y más adelante, procuraremos introducirlo inmediatamente después de la sesión.
!Esperemos que lo disfruten!
CAMINO
22 de octubre de 2010
Buenas noches. Voy a ir directamente al grano porque la película no es larga, es larguísima y, dado que, según muchos, es una película provocadora, voy a provocar yo también:
“A los que les interese la religión no van a ir a ver la película, porque la deja en mal lugar, y a los que no les interese, tampoco irán, porque es una película sobre temas religiosos. Así que las salas donde se proyecte CAMINO estarán vacías”, dicen algunos críticos.
Pero aquí la sala está llena. ¿Por cuál de los dos motivos? Por ninguno. Hay otras razones para ver CAMINO:
- Juntarse con los amigos a ver cine en español
- Seguir acudiendo a los ciclos de cine en español porque nos gusta hacerlo
- ... disfrutar del aperitivo que hay al final. ¡Ah, pillines!
- Reirnos con las comedias que hasta el 2008 había hecho Javier Fesser
De las tres primeras cosas van a poder disfrutar, sobre todo del aperitivo, pero de la cuarta no: esto no es una comedia, es una verdadera y terrible tragedia. Éste no es el Javier Fesser (¡no Fresser!) que rodó Mortadelo y Filemón en 2003 o El milagro de P.Tinto en 1998 y que fue premiada en el festival de Locarno, dos comedias para revolcarse de risa; en Camino hay tortura, crueldad, angustia, retorcimiento
Carlos Boyero contaba en una crónica que se le había hecho insoportable, “la infinita crueldad de una madre ofreciendo la inmolación de su hija a un dios desconocido”, horrorosa, durísima, pero, decía él, “quizá porque sé que no es ficción, que esas pesadillas de los niños son alimentadas por los fanatismos de todos los colores”.
Un grupo de alumnos de 12 años me preguntaba ayer que si podían venir a verla; a pesar de que la protagonista, CAMINO, (en la realidad, Nerea Camacho) tiene sólo once años, no se la recomendé.
La película es, pues, larga, larguísima, tómensela con calma.
¿Cómo se explica, entonces que, en febrero del 2009, la Academia de Cine Española concediera 6 Goyas a esta película? ¿Porque el jurado estaba comprado? ¡...!
- Porque la dirección está magistralmente llevada, aunque podría haber usado las tijeras.
- Porque el guión está muy bien tejido: ya verán cómo, aunque se les va a hacer insoportable, no se les hace larga.
- Porque los intérpretes, especialmente Camino y su madre, bordan sus papeles.
- Porque los efectos especiales son extraordinarios: quizá no conviene que sepan que en la operación que van a ver, la operada es un maniquí, aunque noten cómo respira o que la sangre es jarabe de glucosa y claro tampoco les voy a decir lo que ocurre con ese coche que avanza frontalmente hacia un enorme camión que viene en sentido contrario.
Y, por lo que se refiere al Opus Dei, ¿existe realmente? ¿O es sólo un invento del autor del Codigo Da Vinci o de “tarados” como Fesser, tal como dicen sus detractores? Pues, claro. ¡Claro que existe!, quiero decir. Se fundó en España. A Suiza llegó en 1956 y se dirige desde Zürich. Un libro clave escrito por su fundador, lleva el título de esta película, CAMINO. Tiene tantos seguidores como socios el Real Madrid, unos 85.000. ¿Y en qué año creen que se fundó? En 1928. ¿Pero qué tiene que ver esa fecha, 1928, con el cine? Es la fecha de paso del cine mudo al cine sonoro, de otro modo, hoy no habríamos padecido tanto con esos sonidos que, a pesar del abuso de la música con la que se dulcifican un poco, van a ponernos un tanto nerviosos.
Espero que puedan aguantarlo. ¡Y disculpen la agresión, por favor, ustedes han venido voluntariamente, ¿no?
LA CAJA
5 de noviembre de 2010
Como superaron con éxito la dura prueba de la primera sesión, hoy van a tener su recompensa.
Comenzamos con un chiste: se está celebrando un velatorio; han pasado ya las primeras horas y la gente llora con una cierta calma y sosiego; se oye, de vez en cuando, algún suspiro y, de pronto, entra una vecina que se cree en la obligación de que se note su dolor y comienza a gritar y a gemir desaforadamente. Se le acerca una de las dolientes y le dice: “oye, Paquita, o coges el ritmo o te vas a la calle”.
Es habitual hacer chistes fáciles con la muerte o montar el espectáculo, sobre todo si deja unos buenos resultados comerciales, o explotar el miedo construyendo escenas de terror; pero ninguna de esas tres orientaciones es la de esta película que rodó Juan Carlos Falcón, el director de cine, no el futbolista, entregándonos con ella su primer largometraje el año 2007.
A Juan Carlos Falcón le sedujo el comienzo de una novela de Víctor Ramírez -“Nos dejaron el muerto un sábado a mediodía...” - y, sobre ella, dándole mil vueltas, como ocurre siempre con las adaptaciones de obras literarias, construyó esta comedia negra, situada en las Canarias de los años 60. Al público le gustó y, por eso, recibió el Premio del público en el festival de cine de Canarias, y a ustedes también les va a gustar, estoy seguro.
Pero quizá convenga antes ponernos en situación con algunas pinceladas más sobre esta tragicomedia:
- ¿Qué haríamos un fin de semana con un muerto? ¿Sabríamos de qué hablar? –no con el muerto, claro, sino con los que participan en el velatorio- ¿Cómo se supera esa cierta incomodidad?
- Con el humor, sin duda, pero con el humor fino que destila esta película, el que podría comenzar con la clásica expresión del “¡No somos nadie!” y continúa dando satisfacción a la necesidad del cotilleo entre unos vecinos que están acostumbrados a tener las puertas abiertas y enterarse de todo lo que pasa, e incluso de lo que no pasa, en la habitación de al lado; aunque aquí estamos en un ambiente en el que no hay peligro de que los vecinos escuchen al otro lado del tabique porque, antes, se les ve la oreja. Pero no en el caso de Don Lucio, el malo de la película, por eso es el muerto, claro. ¿Por qué su puerta siempre estaba cerrada?
- Esas vecinas, fuertes, valientes, sufridas que, van a aprovechar la ocasión para ajustar las cuentas al muerto, o quizás a sí mismas, y que tan marvaillosamente representadas están por Ángela Molina, que va a la funeraria a preguntar si tienen algo en oferta, algo sencillito, y el “funerario”, listo, le pregunta “¿para usted o para un familiar?”... o por Antonia Sanjuan, -¿la recuerdan en “Todo sobre mi madre” / o mejor, “lo” recuerdan?-
- Esa es la finura que se trasluce en toda la película en la que se empieza aceptando que la vecina te pida prestada la casa para el velatorio, porque en la suya no tiene sitio, y se acaba pidiendo disculpas con toda sencillez por no llorarle a un difunto como el suyo que ni era decente ni lo parecía, aunque, de muerto, pueda dar esa impresión.
- Por cierto que, en estos casos, siempre conviene revisar bien la casa por si aparece alguna caja... de caudales, o revisar mejor la conciencia por si se pueden recuperar las alegrías no vividas.
- En todo caso, tengan en cuenta la respuesta que recibe el niño cuando pregunta “¿cuántos años hay que tener para morirse?” “¡No te preocupes, que eso lo decidimos nosotros!”
Y si quieren disfrutar todavía más, presten oído a la música que, en el festival de Toulouse, recibió el premio a la mejor música original. ¡Y no se pierdan el secreto del fotograma final! ¡Pásenlo bien!
Retorno a Hansala
19 de noviembre
Buenas noches: ¿Les parece bien que comencemos con dos noticias de cine?
Vamos, pues, con una bienvenida y una despedida:
La bienvenida es para Carlos Iglesias, a quien conocen por “1 Franco, 14 pesetas”. Rodó el curso pasado, en el Jura, “Ispansi, Españoles” sobre los “niños de la guerra” llevados a Rusia y, ahora acaba de presentarla en el festival de cine de Huelva. ¡Pronto la veremos por aquí!
La despedida es para Berlanga, el de “Bienvenido Mr. Marshall”, el de “El verdugo”, el del retrato de una sociedad española con más sombras que luces, pero tan real como la vida misma. Berlanga ha muerto, pero su cine sigue ahí esperando nuestros ojos.
Y, ahora, la película de hoy, dirigida por Chus Gutiérrez: “Retorno a Hansala”
Van a comprobar, una vez más, que quienes seleccionan las películas en PROCINE están inmersas de lleno en la actualidad y, en esta ocasión, por partida doble; así que va a ser doblemente oportuna.
Hansala es un pueblecito del Atlas, en Marruecos, nuestro incómodo vecino del sur. (Ya saben ustedes lo que NO está pasando en El Aaiún y conocen la NO respuesta a la agresión marroquí.) Los vecinos de Hansala, como tantos y tantos marroquíes, sueñan con ir a España. (Actualmente viven en España, con permiso de residencia y de trabajo, unos 780.000 y 67.000 han adquirido la nacionalidad española). Vivirían muchos más si no estuviera por medio el cementerio de Gibraltar.
Retorno, vuelta, regreso... al punto de partida, y sus correspondientes verbos –retornar, volver, regresar- son palabras que solemos usar en sentido activo. Si a uno lo retornan, será una devolución, una expulsión, una deportación. ¿Les va sonando esto al momento actual? ¿Alguien no sabe lo que se vota el día 28 aquí o lo que algún partido propone hacer en Cataluña con los emigrantes, pensando en las elecciones que se celebrarán allí también el día 28? Al final va a haber poca diferencia entre los carteles con la oveja negra, aquí, y la eliminación de emigrantes en ese jueguecito de la play station, allí.
Pero esa necesidad de buscar un chivo expiatorio, aquí y allí; esa insistencia en asociar extranjero y criminal, emigración y delincuencia, allí y aquí, y en tantas partes, encuentra una respuesta en esta película: conocer (o, al menos, intentarlo), descubrir, dejarse sorprender, cambiar de perspectiva moviéndose de donde uno está...
Así consigue la directora lo que se dice de algunas buenas películas, que, después de verlas, salimos de la sala siendo mejores personas.
Sin duda, por eso, fue premiada en la SEMINCI de Valladolid, Semana Internacional de Cine que siempre ha prestado atención especial a los valores humanos; en este caso, el respeto al otro, la cercanía, la comprensión, la compasión (aunque pueda sonar mal esta palabra), la solidaridad...
Por favor, ¿puede controlar alguien la puerta a la salida para comprobar si hemos entrado unas personas y salido otras?
¡Vamos a intentarlo!



