sábado, 19 de marzo de 2011

Sesion Procine - 11.3.2011 - Un viaje hacia el mar

EL VIAJE HACIA EL MAR
11 de MARZO de 2011
Desde luego, el equipo de Procine tiene el don de la oportunidad: Berna está envuelta en su carnaval y, justo hoy, tenemos la ocasión de ver cómo un grupo de seis hombres se quitan los disfraces y se ponen a contarnos parte de sus vidas mientras recorren  su país  en un viaje lleno de descubrimientos.

En nuestro viaje cinematográfico estamos recorriendo también las últimas etapas –quedan la de hoy y la del día 25- y, como ustedes han sido capaces de pasar amargos tragos con Camino, con La soledad, con La teta asustada, por nombrar algunas, hoy se  ven recompensados con este maravilloso -¡y cortito!- viaje hacia el mar. 

El que fue durante muchos años presidente de Castilla-La Mancha y hoy lo es del congreso, Don José Bono, decía que se sentía muy feliz de haber podido llevar a cientos y cientos de castellanomanchegos a ver el mar por primera vez.

Eso es lo que ocurre en esta película de hace ocho años, aunque recoge el ambiente de finales de los cincuenta en Uruguay y no es el presidente Don José Bono quien los lleva con un programa de la consejería de bienestar social, sino un tal Rodríguez con su destartalado camión.

¿Y a quién lleva? “A una manga de bestias” dirá el vasco que va de copiloto; “a unos animales”, dirá el mismo Rodríguez, cuando compruebe, al final, que prefieren zamparse el asado y dormir la sieta bajo los árboles antes que contemplar  la maravilla que él les ha puesto ante los ojos. 

Pero nosotros sabemos, porque lo vemos, que lleva a unas personas normales y corrientes, cada una con su problema a cuestas, “con su muerto a cuestas”, como dirá el forastero que se les une a última hora, que van a desplegar encima de la caja del camión su filosofía de la vida. 

Y ahí es donde más vamos a disfrutar.  El juego de preguntas comunes y respuestas inesperadas nos invita a valorar el sentido del humor por encima de todo. Eso sí, en el viaje que nos ocupa, bien regado con tragos de caña, (tomados juntos, claro, porque “por acá se dice que trae mala suerte tomarlo solo”), bien adobado con el excelente asado que hará el vasco y acompañado contiuamente con una excelente música popular uruguaya que nos hará el viaje aún más agradable si cabe. No incluyo en esta categoría “La marcha de la bandera” que acabará, como van a ver, en una situación esperpéntica.

El viaje le permite al director hacernos conocer un poco mejor un precioso país al que, en nuestra incultura geográfica, a veces confundimos con Paraguay. Los uruguayos son los “orientales”, como dice el estribillo de su más que épico himno nacional: “¡Orientales, la patria o la tumba / libertad o con gloria morir!”. 

Hablamos de un país con poco más de tres millones de habitantes, la mitad de ellos en Montevideo, la capital, y con una densidad de población que no llega a 20h/km2 lo que le permite filosofar al conductor del camión y asegurar –mientras maneja “más bien lento”-  que “personas, hay; no las ves, pero las hay; lejos, pero las hay”. 

Y, cuando las vemos, descubrimos lo verdaderamente importante del viaje. Observen con mimo, sobre todo, dos secuencias: la del desfile funerario al principio, justamente el día de la fiesta nacional (porque parece confirmado que acostumbramos a morirnos en los momentos más inoportunos) y la secuencia final con las reacciones de cada uno de los viajeros.

Ríanse a gusto. Disfruten de la sesión.

Sesión Procine - 4.3.2011 - Un novio para Yasmina

Un novio para Yasmina
4.3.2011
Yasmina es una joven marroquí culta y atractiva que ha venido a España con la intención de continuar sus estudios universitarios. Vive en un pueblo extremeño con su hermano Abdel y otros marroquíes que trabajan en la agricultura. Yasmina no acaba de encajar ni con los marroquíes ni con los españoles, y el único lugar en el que parece encontrarse a gusto es en una asociación de acogida de inmigrantes. Yasmina vive un apasionado y atípico noviazgo con Javi, un joven policía municipal. La relación funciona bien hasta que le plantea la cuestión del matrimonio. Javi empieza a desconfiar y, sintiéndose utilizado, se niega a casarse con ella. 

Sesion Procine - 18.2.2011 - La soledad

LA SOLEDAD
18 de Febrero de 2011
¿Pudieron ver la gala de los Goya? ¿Se lo pasaron bien? Estaremos al tanto para cuando traigan por aquí “Pa negre” o “También la lluvia”. 

Bueno, pues la película de hoy no recibió tantos Goyas como “Pa negre”, pero sí que se llevó tres en la edición número XXII, febrero de 2008: a la mejor película, a la mejor dirección, al mejor actor revelación.

¿Por qué? ¿Quizá porque Jaime Rosales, el director, nos trata desde el principio de “mirones”? ¿O quizá porque se pone de nuestra parte y nos deja elegir el mejor sitio y, por si aún no tenemos bastante, instala más cámaras de lo habitual, amplía el campo visual y nos sitúa en varios espacios a la vez?

El director nos va a dejar mirar, como digo, y, además, sin prisas. Así que tranquilos, pórtense como buenos berneses y háganse ya a la idea de que las escenas van a transcurrir lentamente, vamos a tener tiempo de mirarlas. Vamos a tener tiempo para meternos en la vida de los personajes. De eso se trata, sin que la película sea, ni mucho menos, una edición de “Gran Hermano”.

Si entramos un poco en lo que se nos cuenta, sin que yo les desvele los pasos de lo que acaba sucediendo, les diré que nos pone frente a lo más fundamental de la vida, frente a algo que no podemos evitar: la muerte. Y ahí es donde el director nos muestra –y nosotros lo sabemos- que estamos solos. 

Decía Jaime Rosales, hace tres años en una entrevista, que él es de los que piensan que no debemos confundir “ser” con “tener” y que, en sociedades como las nuestras, cada vez van a ser más los que descubran que “ser” es más importante y necesario que “tener”. 

La película rompe su lentitud, en un momento dado, con un hecho terrible que pone de manifiesto la fragilidad de la vida, lo fácilmente que se quiebra. Hechos así son los que, según Rosales, deben animarnos a entender todos los otros momentos en los que parece que no pase nada y a saber vivirlos intensamente, sin miedo.

Estamos, pues, ante un tipo de cine que no tiene muchos espectadores; que nos invita a reflexionar y que, partiendo de trabajos que no gustan, de las mezquindades de la familia, de la huida del campo a la ciudad, del vértigo de producir y consumir..., y enfrentándonos, como decía anteriormente, a momentos terribles que llegan sin que nunca los esperemos ni los deseemos, nos plantea si no sería posible comunicarnos más y mejor, entendernos, dedicar tiempo a las personas con las que convivimos y, quizá, de ese modo, no morir ahogados por la soledad.