miércoles, 30 de noviembre de 2011








LA BUENA NUEVA
HELENA TABERNA 2008
5 de noviembre de 2011

Buenas noches. ¡Qué buen sitio para volver a vernos, ¿verdad?

¡Enhorabuena a las responsables de Procine! Han conseguido poner en pie un buen programa, en un buen lugar y con un público de calidad: basta con mirar a nuestro alrededor y cruzar unas palabras para comprobarlo.

A esta misma hora, Helena Taberna, la directora navarra de “La buena nueva”, está charlando con el público que ha asistido a la proyección de su película en el cine Odeón de Florencia dentro del XXXIII festival de cine de mujer. No vamos a tener nosotros esa suerte, pero sí vamos a intentar meternos a fondo en la película y tratar de ver lo que quieren transmitirnos la directora, los actores y todo el equipo.

Solemos decir en español que “de gustos no hay nada escrito” y algo parecido ocurre con las buenas noticias: ¿lo que es una buena nueva (una buena noticia) para unos, lo es también para otros?

Saltemos 75 años hacia atrás. Hagamos un esfuerzo. ¿Para cuántos, para quiénes fue una excelente noticia la sublevación de Franco y sus secuaces? ¿Para cuántos, para quiénes fue una noticia terrible?

Quien recibe una buena noticia se alegra, lo celebra y generalmente hace que corra la voz. Aquel verano de 1936 se alegró mucho un sector del ejército, el más lleno de odio y el más sediento de sangre; saltaron de alegría la mayor parte de los ricos,  terratenientes y caciques; no fueron capaces de ocultar su júbilo casi todos los jerarcas de la iglesia católica española y se pusieron al lado de los anteriores, bendijeron las masacres y celebraron los horrores. Una parte importante del pueblo, fácil de engañar, muerto de miedo, estuvo con todos ellos

Para muchos otros fue una noticia terrible: para todos los que trataron de respetar y hacer valer la legitimidad republicana; para los que preferían pensar por sí mismos; para los más débiles; para una parte del pueblo, fácil de engañar también, muerto también de miedo, pero en su sitio. Y también para una parte –muy reducida, pero real- de la iglesia católica española que, al igual que Miguel, cuando los bestias gritan “¡Viva el clero!” deja claro que “No tenemos nada que celebrar”.

De ahí parte la película tomando como referencia lo que ocurre en torno a Miguel, el párroco que va a empezar sus tareas en esas fechas de 1936 en Alzania (Leitza / Navarra).

En alguna ocasión ha comentado la directora que este personaje refleja lo que ocurrió con familiar suyo al que ella no conoció y del que muchas veces le han hablado agradecidos por lo que hizo con sus familias muchos vecinos de Alsasua.

Ya verán qué extraordinaria reconstrucción de los ambientes. Casi nos resultan ahora grotescos e incomprensibles los rótulos en los frontones y en las fachadas de las iglesias; los uniformes y saludos de requetés, carlistas y falangistas; la bandera con el aguilucho; pero todo ello, aún en medio de la violencia, lo despliega Helena Taberna ante nuestros ojos como un ejercicio de recuperación de la memoria que pretende, a la vez, ayudar a nuestra sociedad a sanar heridas y creo yo que lo consigue.
Igual que consigue una exquisita reproducción de los peinados, el vestuario, los trenes de carbón o las tiendas de ultramarinos.



¿Me permiten destacar dos escenas que reflejan muy bien el conjunto de la película?

Una escena es la celebración de una misa en la plaza del pueblo. Si no fuera por la tragedia que sabemos que envuelve, dudaríamos entre la carcajada y las lágrimas y saltaríamos de esta película a tantas escenas tragicómicas, esperpénticas más bien, de Berlanga.

La otra es una sobremesa con el obispo. Seguro que no se perderán detalle de las frases que se van a cruzar con el jefe falangista, los militares presentes, el obispo, la maestra y Miguel, el protagonista. ¿Quedará clara cual era la “doctrina oficial”? ¿Lograremos entender cómo se pudo bendecir aquello como “Santa Cruzada”?  Miguel se esfuerza por aclarar cuál es para él “La buena noticia”, qué es lo que quiere predicar. No parece que sus interlocutores estén por la labor.

Quienes son capaces de atender simultáneamente a varios aspectos de la película, cosa que, sin duda, pueden hacer todos los aquí presentes, prestarán atención a la Sinfonía nº 7 de Ángel Illarramendi que es la mayor parte de la banda sonora. Les encantará.

Como la película y el ciclo completo. Eso espero.

Pedro Herranz

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