sábado, 19 de marzo de 2011

Sesion Procine - 18.2.2011 - La soledad

LA SOLEDAD
18 de Febrero de 2011
¿Pudieron ver la gala de los Goya? ¿Se lo pasaron bien? Estaremos al tanto para cuando traigan por aquí “Pa negre” o “También la lluvia”. 

Bueno, pues la película de hoy no recibió tantos Goyas como “Pa negre”, pero sí que se llevó tres en la edición número XXII, febrero de 2008: a la mejor película, a la mejor dirección, al mejor actor revelación.

¿Por qué? ¿Quizá porque Jaime Rosales, el director, nos trata desde el principio de “mirones”? ¿O quizá porque se pone de nuestra parte y nos deja elegir el mejor sitio y, por si aún no tenemos bastante, instala más cámaras de lo habitual, amplía el campo visual y nos sitúa en varios espacios a la vez?

El director nos va a dejar mirar, como digo, y, además, sin prisas. Así que tranquilos, pórtense como buenos berneses y háganse ya a la idea de que las escenas van a transcurrir lentamente, vamos a tener tiempo de mirarlas. Vamos a tener tiempo para meternos en la vida de los personajes. De eso se trata, sin que la película sea, ni mucho menos, una edición de “Gran Hermano”.

Si entramos un poco en lo que se nos cuenta, sin que yo les desvele los pasos de lo que acaba sucediendo, les diré que nos pone frente a lo más fundamental de la vida, frente a algo que no podemos evitar: la muerte. Y ahí es donde el director nos muestra –y nosotros lo sabemos- que estamos solos. 

Decía Jaime Rosales, hace tres años en una entrevista, que él es de los que piensan que no debemos confundir “ser” con “tener” y que, en sociedades como las nuestras, cada vez van a ser más los que descubran que “ser” es más importante y necesario que “tener”. 

La película rompe su lentitud, en un momento dado, con un hecho terrible que pone de manifiesto la fragilidad de la vida, lo fácilmente que se quiebra. Hechos así son los que, según Rosales, deben animarnos a entender todos los otros momentos en los que parece que no pase nada y a saber vivirlos intensamente, sin miedo.

Estamos, pues, ante un tipo de cine que no tiene muchos espectadores; que nos invita a reflexionar y que, partiendo de trabajos que no gustan, de las mezquindades de la familia, de la huida del campo a la ciudad, del vértigo de producir y consumir..., y enfrentándonos, como decía anteriormente, a momentos terribles que llegan sin que nunca los esperemos ni los deseemos, nos plantea si no sería posible comunicarnos más y mejor, entendernos, dedicar tiempo a las personas con las que convivimos y, quizá, de ese modo, no morir ahogados por la soledad.



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